La bici y sus infortunios
Después de ahorrar por varios meses para comprarme (de contado) una bicicleta, de estar fregando y fregando en la tienda de Bicis, que está por el centro de mi ranchito bicicletero, para saber si ya había llegado el modelo que quería, y de imaginarme como sería mi vida después de semejante compra (como uno se hace ilusiones tarugas antes de comprar algo... méndigo consumismo) llegó la hora de reincorporarme a un estilo de vida que extrañaba de mi infancia, cuando no había tanta influencia del internet, facebooks, blackberrys, y demás jaladas; en lugar de eso, solía ser un usuario frecuente de paseos en bicicleta... claro que ésa bicicleta ya me quedaba como de cholo o de payaso (a ras del suelo), estaba oxidada, ponchada, olvidada, empolvada, y finalmente rematada, junto con las demás de mi familia, a un bonche de albañiles que con gusto las tomaron para sí.
Prometiéndome a mí mismo no caer de nuevo en ese error, me uní a la "manifestación", que así le dicen los organizadores, de las rodadas nocturnas de los martes por la noche en mi rancho... Extrañé la refinada cultura europea en la que el peatón y el ciclista están por encima del automóvil, porque acá uno es un fantasma, un vato que tiene que velar por su vida, que cada pedaleo hace la diferencia entre la vida y la muerte... ok, ok, no tan exagerado, pero debo admitir que en mi primer día, sufrí más en llegar al punto de reunión, que en la rodada en sí...
Para evitarme ese sufrimiento, decidí que era hora de "intentar" transportar la bici en el coche, que cabe aclarar, apenas quepo yo y mi extensa alma, menos una bicicleta de montaña enorme que, para que medio cupiera, tenía que bajar los asientos de atrás, hacer hasta adelante el del copiloto, quitar una parte de la cajuela, poner una cobija para que no se me mancharan los asientos y demás vestiduras del coche (que de todos modos acabaron manchándose), y convivir con una puerca llanta junto a mi cuello, que además de manchar mi existencia, me impedía girar la cabeza para observar a los coches que se avecinaban... todo ésto, resultaba en un esfuerzo más descomunal que el que tomaba el pedalearse de mi casa al centro... por ésta, y razones de flojera y practicidad, dejé de ir tan religiosamente a las rodadas...
La gota que derramó el vaso fue cuando, en una de esos calvarios para guardar la bici en el coche, resultó madreado el aparato, chunche, o lo que sea, que cambia las velocidades (costoso, complejo, pequeño e insignificante como él sólo), sin saberlo yo hasta que pretendía empezar a pedalear y casi me la partía... después de tratar de entender que fregados le había pasado a la bici, me encontraba en camino a la bendita tienda del centro (con una cara de encabronado que no podía disimular) para arreglar la pobre bici (por enésima vez, que ya se había ponchado, aflojado de los frenos, golpeado de los manubrios, haciendo un horrendo ruido al rodar y frenar, aflojándosele la llanta, comprado una cadena para que no se la robaran, y un trique para cargar el agua...) y conseguir de una vez por todas un mentado portabicis para el coche.... nunca le había invertido tanto en un medio de transporte, pero no me arrepiento... le tengo un amor a la condenada que ya ni qué le hago...
Eso sí, cuando voy a las rodadas, ahí estoy arriesgando mi vida por grabar en video algo de la experiencia que resulta de esas noches... un día sí me la partí, en el nuevo puente del sur, ya que una chavita se me puso enfrente, frenó de trancazo, y me hizo que yo frenara, chocando con la banqueta, y zafándose la cadena en el instante... lo demás fue "pedalear" con mis patas todo el trayecto de subida del puente (que como pueden notar, no es nada pequeño), hasta que pude orillarme a la orilla contraria, arreglar la cadena, esquivando ciclistas que se les perdía el Tour de France, y todo en un mínimo y reducido espacio... eso sí, cámara en mano...
Todavía recuerdo, digno de un video de Failblog, cuando de peque, con mis primos, en el parque enorme que está precisamente junto al puente, salí volando épicamente de la bici, al ir bajando una colina, y al haber en ésta un tremendo agujero que no se notaba por el pasto... la canción de Magneto resonaba en mi mente, porque volaba, volaba, y no me hacía falta equipaje...
Afortunadamente, no he tenido últimamente tan salvajes accidentes, salvó uno en el que se me rompió el pedal, en la que fue apenas mi segunda rodada nocturna, por razones que aún no me explico, y en la que tuve que huir "disimuladamente" a mi casa, ya que por suerte esa noche la ruta pasaba a sólo un par de cuadras de ésta, por lo que bajo el argumento de que "corría mucho riesgo", me desaparecí entre la multitud de bicis... todavía hoy en día me recuerdan y me reclaman esa gachada de mi parte...
Prometiéndome a mí mismo no caer de nuevo en ese error, me uní a la "manifestación", que así le dicen los organizadores, de las rodadas nocturnas de los martes por la noche en mi rancho... Extrañé la refinada cultura europea en la que el peatón y el ciclista están por encima del automóvil, porque acá uno es un fantasma, un vato que tiene que velar por su vida, que cada pedaleo hace la diferencia entre la vida y la muerte... ok, ok, no tan exagerado, pero debo admitir que en mi primer día, sufrí más en llegar al punto de reunión, que en la rodada en sí...
Para evitarme ese sufrimiento, decidí que era hora de "intentar" transportar la bici en el coche, que cabe aclarar, apenas quepo yo y mi extensa alma, menos una bicicleta de montaña enorme que, para que medio cupiera, tenía que bajar los asientos de atrás, hacer hasta adelante el del copiloto, quitar una parte de la cajuela, poner una cobija para que no se me mancharan los asientos y demás vestiduras del coche (que de todos modos acabaron manchándose), y convivir con una puerca llanta junto a mi cuello, que además de manchar mi existencia, me impedía girar la cabeza para observar a los coches que se avecinaban... todo ésto, resultaba en un esfuerzo más descomunal que el que tomaba el pedalearse de mi casa al centro... por ésta, y razones de flojera y practicidad, dejé de ir tan religiosamente a las rodadas...
La gota que derramó el vaso fue cuando, en una de esos calvarios para guardar la bici en el coche, resultó madreado el aparato, chunche, o lo que sea, que cambia las velocidades (costoso, complejo, pequeño e insignificante como él sólo), sin saberlo yo hasta que pretendía empezar a pedalear y casi me la partía... después de tratar de entender que fregados le había pasado a la bici, me encontraba en camino a la bendita tienda del centro (con una cara de encabronado que no podía disimular) para arreglar la pobre bici (por enésima vez, que ya se había ponchado, aflojado de los frenos, golpeado de los manubrios, haciendo un horrendo ruido al rodar y frenar, aflojándosele la llanta, comprado una cadena para que no se la robaran, y un trique para cargar el agua...) y conseguir de una vez por todas un mentado portabicis para el coche.... nunca le había invertido tanto en un medio de transporte, pero no me arrepiento... le tengo un amor a la condenada que ya ni qué le hago...
Eso sí, cuando voy a las rodadas, ahí estoy arriesgando mi vida por grabar en video algo de la experiencia que resulta de esas noches... un día sí me la partí, en el nuevo puente del sur, ya que una chavita se me puso enfrente, frenó de trancazo, y me hizo que yo frenara, chocando con la banqueta, y zafándose la cadena en el instante... lo demás fue "pedalear" con mis patas todo el trayecto de subida del puente (que como pueden notar, no es nada pequeño), hasta que pude orillarme a la orilla contraria, arreglar la cadena, esquivando ciclistas que se les perdía el Tour de France, y todo en un mínimo y reducido espacio... eso sí, cámara en mano...
Todavía recuerdo, digno de un video de Failblog, cuando de peque, con mis primos, en el parque enorme que está precisamente junto al puente, salí volando épicamente de la bici, al ir bajando una colina, y al haber en ésta un tremendo agujero que no se notaba por el pasto... la canción de Magneto resonaba en mi mente, porque volaba, volaba, y no me hacía falta equipaje...
Afortunadamente, no he tenido últimamente tan salvajes accidentes, salvó uno en el que se me rompió el pedal, en la que fue apenas mi segunda rodada nocturna, por razones que aún no me explico, y en la que tuve que huir "disimuladamente" a mi casa, ya que por suerte esa noche la ruta pasaba a sólo un par de cuadras de ésta, por lo que bajo el argumento de que "corría mucho riesgo", me desaparecí entre la multitud de bicis... todavía hoy en día me recuerdan y me reclaman esa gachada de mi parte...
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