Oda a la lluvia (y sus inconvenientes)
A propósito de que en los últimos días no ha llovido (como buen verano hidrócalido), y que a raíz de eso nos estamos muriendo de calor, se me ocurrió platicar un poco sobre ésta, una de mis favoritas, la lluvia.
Como aliviana un día en el que amanece lloviendo: el calor desaparece, refresca el ambiente, y tienes un día al más puro estilo londinense.
Aunque también tiene sus inconvenientes, como el típico muchacho desprevenido que abandona su casa con la ventanota abierta de par en par, para que, cuando regrese, encuentre un charco en su recámara, sus aparatos electrónicos hechos chicle, y su tarea, que tanto trabajo le costó hacer, hecha un grumo ahí tirado... eso si que llega a ser triste.
Pero más triste es olvidar que, cuando llueve, las calles se convierten en pistas de hielo para un cuate que en su vida ha patinado en hielo, y no trae adecuados patines, osea... un desmadre...
Las inundaciones están a la orden del día, y es "divertido" sentir como tu carro se balancea de un lado a otro al pasar por uno de éstos ríos de inmundicia, donde no falta el auto que se le perdió el Titanic, y ahí lo ves de trompita atorado en alguno de los miles de hoyos que mágicamente se manifiestan en éstos días; aunque hay que decir que con las pavimentadas nuevas (sin albur) ya no se da tanto éste problema, pero no falta todavía la calle donde parece campo minado, y nada más se ven volar los pobres coches, y llorar las pobres suspensiones.
Hablando de éstos inconvenientes, yo sufrí en carne propia uno de éstos: siendo un día de verano, en la tarde, recién llovido como por 30 segundos solamente, suficientes para empapar las calles, y volverlas, como les digo, aceitosas, gelatinosas, o qué se yo, me encontraba yo, hecho la mocha, un poco tarde, y escuchando sana música de Metallica, en camino a la Uni, feliz de que había llovido, y llevando a cabo mi tradicional ritual de canto en el coche, que es cuando, según yo, nadie me ve (pero para que me engaño), cuando de repente, aparece a mi derecha, místicamente, la curva donde yo tenía que introducirme para seguir en mi camino a la Universidad (eso, o aplastarme hasta la Nissan) por lo que en un volantazo digno del Vin Diesel, me metí a la curva famosa...
Curva que llevo más de 2 años cruzando, y que en mi vida me había causado problema alguno, cuando de repente, siento que mi coche empieza a bailar, me sentía como en un cruel juego de feria en el que no sabía si iba o venía, y yo, siendo un ignorante de las ciencias automotrices, supuse que lo más lógico era darle un pisotón intenso al freno, y esperar por lo mejor, pero ésto sólo hizo que el coche como que se bloqueara, se fuera hacia mi izquierda, se subiera a la banqueta, y que me embarrara un poste de luz a mi derecha, justo en la puerta trasera... James Hetfield seguía cantando Seek and Destroy, mientras que yo salí a Seek-ear los daños, y a ver el Destroy-eadero que había hecho en cuestión de segundos.
Lo mejor de todo fue haber chocado en la hora pico de los de la tarde, por lo que, lo que todo mundo veía era un derrapón marcado en la calle, luego un coche blanco madreado, con un poste atravesado en la parte de atrás, y un fulano de traje, empolvado, y con una cara de asustado que no podía con ella.
Lo que mas odio de los choques, es lo que yo llamaría la "Logística de los choques"... Chocas, te quedas ahí como menso lamentando el hecho, checando los daños, viendo que no te halla pasado nada, y avisando al seguro (y si no tienes... a esperar con calma en lo que te carga el payaso)... después, viene el viacrusis de esperar al de los seguros, que estaba en Timbuktú, y se le dificultaba llegar hasta donde estás, pero lo tienes que esperar, con tu auto madreado, tu cara de asustado, y con los testigos curioseando.
Después (o antes, depende de la suerte) vienen los tránsitos, llega el seguro, en lo que se ponen de acuerdo, en lo que evalúan, en lo que platican, ya amaneció, no me he bañado, y sigo empolvado y con ganas de irme... (cabe decir que hasta éso, me atendieron rápido, pero me encanta exagerar)
Y espera, que después, viene la grúa, se lleva el coche, que llévalo al taller, que arréglalo, que paga el deducible, que paga los gastos, que ya andas a Dodge Patas...
Como consecuencia, y odiando éste horrible y traumático episodio, cada ves que llueve, aplico el Ruco-Mode On, y pues ni modo, si tanto los criticaba en mi otro blog, ahora manejo como ellos, a 5 km/h, y paso los topes con mucho amor y dedicación... Como maneja la gente en Aguas
Después de éste "pequeño" breviario cultural sobre los choques bajo la lluvia (y créanme, no es nada romántico) no crean que por eso dejo de amar la lluvia, es un amor apache pero bien correspondido... salvo cuando a uno se le ocurre andar con zapatos de gamuza en días lluviosos, los cuales acaban hechos una baba; o cuando las calles de mi colonia acaban hechas ríos de... material intolerable; o cuando el único paraguas que tengo a la mano cuando me agarra la lluvia en la Uni es uno de Mi Alegría para escuincles de 6 años, y lo tiene que usar un individuo de casi 2 metros, que lo único que le anda protegiendo de la lluvia es la conciencia; o cuando uno, después de semanas de no lavar su auto, por miedo a las infames lluvias impredecibles, decide que hoy es el día de lavarlo... y llueve...
P.D. Dice la leyenda que todavía hoy, al pasar por la curva de la muerte, puede verse un poste de luz todo chueco y madreado, un derrapón, y el recuerdo de una horrible tarde de verano...
Como aliviana un día en el que amanece lloviendo: el calor desaparece, refresca el ambiente, y tienes un día al más puro estilo londinense.
Aunque también tiene sus inconvenientes, como el típico muchacho desprevenido que abandona su casa con la ventanota abierta de par en par, para que, cuando regrese, encuentre un charco en su recámara, sus aparatos electrónicos hechos chicle, y su tarea, que tanto trabajo le costó hacer, hecha un grumo ahí tirado... eso si que llega a ser triste.
Pero más triste es olvidar que, cuando llueve, las calles se convierten en pistas de hielo para un cuate que en su vida ha patinado en hielo, y no trae adecuados patines, osea... un desmadre...
Las inundaciones están a la orden del día, y es "divertido" sentir como tu carro se balancea de un lado a otro al pasar por uno de éstos ríos de inmundicia, donde no falta el auto que se le perdió el Titanic, y ahí lo ves de trompita atorado en alguno de los miles de hoyos que mágicamente se manifiestan en éstos días; aunque hay que decir que con las pavimentadas nuevas (sin albur) ya no se da tanto éste problema, pero no falta todavía la calle donde parece campo minado, y nada más se ven volar los pobres coches, y llorar las pobres suspensiones.
Hablando de éstos inconvenientes, yo sufrí en carne propia uno de éstos: siendo un día de verano, en la tarde, recién llovido como por 30 segundos solamente, suficientes para empapar las calles, y volverlas, como les digo, aceitosas, gelatinosas, o qué se yo, me encontraba yo, hecho la mocha, un poco tarde, y escuchando sana música de Metallica, en camino a la Uni, feliz de que había llovido, y llevando a cabo mi tradicional ritual de canto en el coche, que es cuando, según yo, nadie me ve (pero para que me engaño), cuando de repente, aparece a mi derecha, místicamente, la curva donde yo tenía que introducirme para seguir en mi camino a la Universidad (eso, o aplastarme hasta la Nissan) por lo que en un volantazo digno del Vin Diesel, me metí a la curva famosa...
Curva que llevo más de 2 años cruzando, y que en mi vida me había causado problema alguno, cuando de repente, siento que mi coche empieza a bailar, me sentía como en un cruel juego de feria en el que no sabía si iba o venía, y yo, siendo un ignorante de las ciencias automotrices, supuse que lo más lógico era darle un pisotón intenso al freno, y esperar por lo mejor, pero ésto sólo hizo que el coche como que se bloqueara, se fuera hacia mi izquierda, se subiera a la banqueta, y que me embarrara un poste de luz a mi derecha, justo en la puerta trasera... James Hetfield seguía cantando Seek and Destroy, mientras que yo salí a Seek-ear los daños, y a ver el Destroy-eadero que había hecho en cuestión de segundos.
Lo mejor de todo fue haber chocado en la hora pico de los de la tarde, por lo que, lo que todo mundo veía era un derrapón marcado en la calle, luego un coche blanco madreado, con un poste atravesado en la parte de atrás, y un fulano de traje, empolvado, y con una cara de asustado que no podía con ella.
Lo que mas odio de los choques, es lo que yo llamaría la "Logística de los choques"... Chocas, te quedas ahí como menso lamentando el hecho, checando los daños, viendo que no te halla pasado nada, y avisando al seguro (y si no tienes... a esperar con calma en lo que te carga el payaso)... después, viene el viacrusis de esperar al de los seguros, que estaba en Timbuktú, y se le dificultaba llegar hasta donde estás, pero lo tienes que esperar, con tu auto madreado, tu cara de asustado, y con los testigos curioseando.
Después (o antes, depende de la suerte) vienen los tránsitos, llega el seguro, en lo que se ponen de acuerdo, en lo que evalúan, en lo que platican, ya amaneció, no me he bañado, y sigo empolvado y con ganas de irme... (cabe decir que hasta éso, me atendieron rápido, pero me encanta exagerar)
Y espera, que después, viene la grúa, se lleva el coche, que llévalo al taller, que arréglalo, que paga el deducible, que paga los gastos, que ya andas a Dodge Patas...
Como consecuencia, y odiando éste horrible y traumático episodio, cada ves que llueve, aplico el Ruco-Mode On, y pues ni modo, si tanto los criticaba en mi otro blog, ahora manejo como ellos, a 5 km/h, y paso los topes con mucho amor y dedicación... Como maneja la gente en Aguas
Después de éste "pequeño" breviario cultural sobre los choques bajo la lluvia (y créanme, no es nada romántico) no crean que por eso dejo de amar la lluvia, es un amor apache pero bien correspondido... salvo cuando a uno se le ocurre andar con zapatos de gamuza en días lluviosos, los cuales acaban hechos una baba; o cuando las calles de mi colonia acaban hechas ríos de... material intolerable; o cuando el único paraguas que tengo a la mano cuando me agarra la lluvia en la Uni es uno de Mi Alegría para escuincles de 6 años, y lo tiene que usar un individuo de casi 2 metros, que lo único que le anda protegiendo de la lluvia es la conciencia; o cuando uno, después de semanas de no lavar su auto, por miedo a las infames lluvias impredecibles, decide que hoy es el día de lavarlo... y llueve...
P.D. Dice la leyenda que todavía hoy, al pasar por la curva de la muerte, puede verse un poste de luz todo chueco y madreado, un derrapón, y el recuerdo de una horrible tarde de verano...

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